Asociación de Ingenieros Estructurales - República Argentina
   
   
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Arq. Carlos Moreno  
arq. Carlos Moreno
> UBA 1967. Arquitectura y preservación de patrimonio. Docente e Investigador. > Participación en Congresos y Jornadas y ha asesorado a Municipios y Gobiernos Provinciales. > Historiador del Año 2006 por la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. > Cargos Docentes: > FADU - UBA. > Universidad Católica Santa Fe. > Universidad de Mar del Plata y Córdoba. Entidades a las que pertenece: > Comité Argentino del ICOMOS. > Asesor en temas de Patrimonio arquitectónico. Secretaría de Cultura. Gob. de la Ciudad de Buenos Aires. > 1997-1998. Asesor Secretaría Cultura - Patrimonio. > Vocal de la Comisión Nacional de Monumentos. 1991-1995-2001 a la actualidad. > Presidente del Instituto de Estudios Históricos de la Manzana de las Luces. > 2009 Miembro de Número del Instituto Nacional Belgraniano. > Publicaciones: es autor de numerosas publicaciones desde 1994 a la actualidad.
 
 
> Sistemas estructurales en la época colonial
 

La evolución de la tecnología se basó en la observación de la naturaleza y el hombre comenzó a manipular sus materiales para estructurar espacios utilizando primero elementos lineales, como palos o vigas definiendo un espacio cuadrangular, hasta llegar a las estructuras de tres dimensiones y a las estructuras membranales de tracción definición.
En la región bonaerense, los medios técnicos fueron variando, desde los simples constructores del siglo XVII hasta el aporte substancial de los arquitectos de la orden jesuita que incorporaron tecnologías hasta ese momento desconocidas en el medio local, como las bóvedas romanas.
Durante la época colonial, las tecnologías de tierra (tapia o adobe) no fueron duraderas en las húmedas tierras del Litoral del Río de la Plata, por lo que apenas se tuvo disponibilidad de leña, se las reemplazó por construcciones de ladrillos cocidos y tejas.
En el primer siglo de la ciudad de Buenos Aires, con recursos escasos, las construcciones son hechas con materiales del lugar, propios de una economía de subsistencia y las limitaciones locales en cuanto a mano de obra y materiales.
Los muros eran de tierra apisonada y las cubiertas de paja usadas sin mayor elaboración. Raramente se utiliza algún elemento de hierro, material precioso o cuero disponible a partir del ganado cimarrón. No había disponibilidad de cal, y era notable la escasez de maderas para satisfacer las necesidades.
Unos pocos edificios fueron construidos en esa época con materiales y sistemas constructivos de mayor calidad, como muros de ladrillos cocidos, cubiertas de tejas o con maderas labradas, que mostraban una mayor capacidad de recursos económicos de algunos comerciantes e instituciones religiosas o la necesaria defensa, como fue el caso del fuerte.
Para cubrir mayores luces, entre los sistemas estructurales empleados para la construcción de cerchas encontramos es el par y nudillo, con antecedentes en Roma y luego España, y en los casos más elaborados apoyados en canes y sobre una solera.
Las «bóvedas romanas» para cubrir mayores espacios recién fueron difundidas desde fines del siglo XVII por los arquitectos de la Compañía de Jesús.
Desde la década de 1780 se difunde en la ciudad la construcción de entrepisos planos, formando una azotea superior propio de regiones relativamente secas. Las construcciones se resolvían con vigas colocadas a una distancia que dependía de si tenía cobertura de madera, si había un local habitable arriba o ladrillos y baldosas si era azotea.